El espejo de Eva

miércoles, enero 04, 2006

Sobre la alfombra

Endureció su mirada de repente. Se le crisparon las manos en el aire haciendo un gesto de súplica hacia el cielo. No entendía nada. De pronto su cabeza era simplemente la portadora de su melena. No tenía cara, ni ojos. Era una expresión muda de tristeza.

¿Realmente por qué no confías? Se preguntaba en la soledad de su habitación. La persiana a medio camino, la cortina relajada. En el suelo, entre la cama y la estantería, la alfombra y, sobre ella, la viva imagen del hundimiento hecho mujer.

Sin palabras.

Sin pensamientos.

Definición de cabeza hueca: ella misma. De tanto pensar las cosas se simplificaban hasta llegar a la conclusión de que el blanco era negro y que el negro era blanco. Así se quedaba su mente, en un color indeciso, indefinido. Todo tan complicado y a la vez tan simple. Tanto que aprender y, sin embargo, sabía qué cabía en aquel silencio, en aquella incertidumbre… esperar el regreso.

Necesidad de saber, de sentir, de oir su nombre pronunciado por esa voz. Y una frase que nunca la cansaba, que nunca le pesaba.

Elección: toda suya. Nada que temer salvo el olvido. Nada que temer salvo el ser reconocida.
Poder elegir le daba el poder de sentirse segura, erguida sobre sus piernas, la cabeza alta, la mirada en el límite entre la cordura y el desafío. Casi valiente. Y pensar en el apoyo que tenía le devolvía la sonrisa.

Poco a poco, su cara se recuperaba. Poco a poco, las nubes de su pensamiento se abrían.

Tranquilidad. Después de la tempestad siempre sentía calma.

El poder de la elección libre. El poder de saber qué quería. El poder del punto de apoyo, del hombro de apoyo.
La elección era suya en todo momento. Reconocía que nunca antes se sintió así.
Mucho que aprender, mucho que vivir, pero sin prisas, viviendo el minuto segundo a segundo.

El destino le propondría siempre dos caminos. A ella le tocaba elegir.

6 Comments:

At enero 04, 2006 9:09 p. m., Blogger Adrián said...

Afortunadamente tenemos el poder de decidir. Por desgracia este poder no nos permite hacer ajustes si decidimos mal. Lo bueno, es que nadie tiene nada qué reprocharnos, a fin de cuentas, a nadie pedimos permiso para decidir y nadie se debe ver afectado por nuestras decisiones.

 
At enero 04, 2006 9:47 p. m., Blogger malatesta said...

Que chungo pensarse tanto las cosas, ¿verdad?. ¡A veces es mejor dejar la cabeza hueca un ratito!

 
At enero 05, 2006 6:38 p. m., Anonymous heliopolis said...

Muy triste pero precioso.

 
At enero 06, 2006 1:41 a. m., Blogger ana said...

Precioso, Eva. Que siempre después de la tempestad venga la calma.
Todo un placer, amiga.
Besos.

 
At marzo 03, 2007 2:32 p. m., Anonymous Anónimo said...

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