El espejo de Eva

viernes, enero 13, 2006

MUSICA

Sonaba el piano y un violín, y sentía cómo necesitaba expresar algo que tenía dentro y que no podía explicar con palabras.
No podía decir cómo se movía, cómo sentía la música que vibraba en cada fibra de sus músculos, en cada nervio de su piel que se erizaba.

Tratar de explicarlo le resulta casi soez, como si intentar darle palabras a los sentimientos, las sensaciones y los movimientos fuera un sacrilegio.
Y quizás, cuando se tratara de la danza, eso era cierto.

Podía explicar cómo trabajaban los músculos de su pierna si lo alzaba, pero no podía decir porqué le impulsaba la música a hacer eso.
Podía indicar qué dibujaba con sus brazos pero no la armonía del movimiento en sí.
Ni la conjunción del movimiento en el tiempo.
Era algo especial para ella. Algo que no sabría contar sino era a través de la expresión corporal.

Era sólo un arte, y una disciplina. Amigos suyos lo veían absurdo, no lo entendían y ella entendía que no entendieran. Ella solía decirles que se trataba simplemente de un tipo de comunicación: una historia, una frase, un sentimiento o una emoción. “Simplemente” eso.

2 Comments:

At enero 15, 2006 4:43 p. m., Blogger malatesta said...

Y sin saber porqué, Gualterio salió de su encondrijo y al ritmo de una musiquilla (tararí turí tatá) empezó a mover torpemente sus pies como había visto hacer en su Sicilia natal a los muchachos en días de fiesta...

 
At febrero 06, 2007 1:53 p. m., Anonymous Anónimo said...

Best regards from NY! Chairs you cant sit on

 

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