El espejo de Eva

domingo, septiembre 25, 2005

VOLAR (III)

No supo cuanto tiempo llevaba allí de pie. Su pensamiento la dejó anclada en el reloj mientras sus ojos seguían a aquella mujer en la muchedumbre, perdiéndose, llevándose su mirada.
Sentarse. Necesitaba sentarse y se desplomó en uno de los bancos de la plaza de la Iglesia.

El corazón le partía el pecho. Estar sentada no le ayudaba. Andar siempre le había servido para aclarar ideas, y se encaminó calle de la Palma abajo.Sin darse cuenta cruzó las calles, sin detenerse ni mirar a nadie ni a nada, sin pensar siquiera en el tráfico.
Sentía que ardía.
Sus pies la llevaron a la Puntilla, justo en la puesta de sol. Y se dejó arrastrar por el ocaso.
Decidió regresar a casa. “Mañana es lunes y tengo que madrugar, la vida sigue y el curro también”.

El despertador le gritó como siempre a las siete menos cinco. Cinco minutos después encendió la luz para hacerse a la idea de que ya era hora de levantarse. Se incorporó y vio su reflejo en el espejo del armario “¡¿Qué demonios es eso?!”.
Alrededor de su cuerpo pequeñas llamas azuladas, algo parecido a una aureola azul, la envolvía. Y al mirarse directamente pensó que esta vez la cosa se pasaba de castaño oscuro. Al menos sus alas desaparecían a su voluntad, pero esto...
Abrió la puerta maquinalmente y vio a su hermano saliendo de su habitación ¡envuelto en una llamas blancas!. Misma textura, llamas pequeñitas, aureola, aura blanca.
“Te encuentras bien” logró articular. “Me muero de sueño y no hay agua caliente. El día empieza bien” le contestó su hermano y se dio la vuelta.Trató de pensar. Su hermano no había visto nada, de lo contrario no estaría sola en el pasillo después de haberla visto y cruzas cuatro palabras.
En su mente resonaron palabras “comprenderás”, ”tendrás respuestas” y pensó en sus alas. “Espero acostumbrarme pronto”.

Media hora más tarde seguía con aquel pensamiento mientras conducía de camino al trabajo. Veía a la gente en la calle, en los coches con los que se cruzaba, a través de las ventanas, tras los escaparates, todos con aquella aura blanca.

En el trabajo, poco después de comenzar la jornada, una compañera en la oficina le había ofrecido una aspirina. “Tienes mala cara”. “Lo que tengo es una nueva realidad, donde tú y todos estáis envueltos en llamitas blancas...” estuvo a punto de contestarle.

Lo notó incluso antes de verle.Notó algo, como una emoción, pero era tenue. Inmediatamente, de manera instintiva, pensó en aquel “muro mental”. Y también fue instintivo salir a buscarlo.

Hora del café. El personal estaría en el patio y las máquinas del taller solas.Se dejó llevar. Sentía el pellizco de la curiosidad en el estómago tan fuerte como para no temer ni pensar en qué habría de encontrar.Al doblar la esquina del pasillo que comunicaba las oficinas con el taller sintió que aquella emoción se intensificaba.
No pudo evitar agazaparse contra la pared antes de seguir. Miró a los lados por si alguien podía verla o seguirla. No quería dar nada qué pensar a nadie.Respiró hondo y se aproximo al final del pasillo. Con una cautela casi acechante se asomó.
Tras una de las máquinas de la segunda línea del pasillo principal vio el destello de una luz azulada. Era la primera que veía otra aura azul en toda la mañana. Y en toda su vida.
Se acercó. ¿Quién sería? ¿Sabría ya que ella también poseía ese color de aura? Llevaba trabajando pocos meses, pero lo suficiente como para conocer a la mayor parte del personal.
Mientras caminaba unos ojos se asomaron entre las conexiones posteriores de la máquina.
La mirada la paralizó. Reconoció inmediatamente los ojos. Entristecidos.En el poco tiempo que llevaba allí había trabajado en varias ocasiones en proyectos con el grupo al que él pertenecía. Curioso que fuese precisamente él.
Y recordó que cuando llegó aquellos ojos eran alegres, y que aquel hombre siempre amable, siempre alegre, siempre... transparente, hacía un par de semanas había pedido algunos días libres sin previo aviso y a la vuelta portaba la sonrisa habitual pero los ojos pesarosos.
“Lógicamente tiene mi misma naturaleza, sino ¿cómo explicar su aura azul?”.El la observaba sorprendido.
Ella pensaba en su espalda. Y leyó en él tantos temores que ella aún no había analizado... temores que nacían del absoluto desconocimiento de aquella naturaleza. “¿QUÉ SOMOS? ¿POR QUÉ SOMOS ASÍ? ¿POR QUÉ YO? ¿POR QUÉ NOSOTROS? ¿AFECTA ESTO A NUESTRA NATURALEZA HUMANA? ¿ES COMPATIBLE? ¿INMORTALES? ¿ESPERANZA DE VIDA INFERIOR A LA HUMANA? ¿INMUNES? ...”, “¡¡BASTA!!”, gritó en su cabeza, y cerró los ojos de su mente.Los minutos pasaron de pie ante él sin articular palabra. Alzó los ojos lentamente y dejó que aquel muro mental se desvaneciera y que él pudiese leer lo que ella había vivido en poco más de una semana. Y mientras, entendió la historia particular en la mente de aquel hombre.
“Tranquilízate, ahora sabes que no estás solo en este nuevo mundo. Y yo también lo sé”.

Y entonces el personal comenzó el regreso lento para ocupar sus puestos tras la pausa del café.

3 Comments:

At septiembre 26, 2005 11:24 p. m., Blogger malatesta said...

Engancha. Lo he leído de un tirón, devorando las palabras.
Por favor, no tardes en escribir lo que sigue. Estoy que ardo por leerlo. Metafóricamente, claro.

 
At septiembre 27, 2005 7:08 p. m., Blogger Mizerable said...

Humo, suciedad, ruido, y más ruido, destellos, chispas,... más ruido... destellos azules,... destellos rojos.., destellos naranjas,... el sol cegador... y despues de leerte me parece hasta acogedor.

Me gustan mis talleres, pero ahora más.. aunque seguiré protegiendome contra el destello azul.

 
At septiembre 29, 2005 2:51 p. m., Blogger totito said...

Inquietante pero pero lleno de luz, dame más.

 

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