El espejo de Eva

viernes, septiembre 23, 2005

OTOÑO

El otoño ha llegado con un desconocido de 80 años en el hospital.
Pasamos el tiempo juntos, pero apenas habla, y las palabras se las arranco con sacacorchos.
Parece ausentarse lejos, y en realidad, la que se aleja soy yo. Hace muchos tiempo que nos presentaron, nos graduamos a la vez. Pero hace algunos años comenzó a alejarse tanto que yo no lo reconozco. Ni a él ni a otras personas.
Y yo me digo, abuelo, si no quieres luchar, ¿por qué das cabezadas de minutos para abrir los ojos como platos y comprobar que sigues en el hospital? Si no quieres seguir, abuelo, ¿por qué tanta prisa en recuperarte? Si no quieres volver, abuelo, ¿por qué te preocupas ahora?
Abuelo, las noches son simplemente más largas. Ya se acortan los días, lo sabes.
En la calle hace fresco, por las mañanas necesito un jersey mientras espero el taxi para el trabajo.
Y hecho de menos a aquél que me llevaba a los columpios después de hacerse de rogar un buen rato, porque tenía que descansar, dar una cabezada después del campo.
Y pienso y según pasa el tiempo se me agotan nuestros recuerdos. Ya no quedan.
Y tu no hablas, no me cuentas, y yo no pregunto, porque no respondes. Y si respondes se te inundan los ojos, porque poco queda de todo y de todos. Porque a estas alturas ya no soportas que el mundo sea como es.

Te comportas como un bebe porque te da la gana.
No te cuidas y pasa lo que pasa, abuelo, y si no quieres quedarte, sigue así.

Yo no soporto ese rato en el que no estamos solos y pasas por casi vegetal porque te da la gana, y no puedo decirte nada, tu sabes que quien más tiempo pasa contigo te tratará así, te consentirá esa "gracia".

Y mientras el tiempo pasa yo me dedico a almacenar estas palabras, ya las vomitaré en casa.

Cosas que pasan, que ya no tienen arreglo, que no duelen más porque pasaron hace mucho.
Esta noche estoy triste, no hay vuelta atrás, te perdí hace mucho tiempo.