El espejo de Eva

viernes, agosto 19, 2005

VOLAR


Camino ligera por la calle de la Plaza, cruzando Puerto Real, sin saber porqué tengo tanta prisa.
Algo me apremia.
Poco falta para la media noche y no hay un alma en la calle. A cada paso estoy más cerca de la barriada del Nazareno, y cada paso es más rápido que el anterior.
Hace un rato, cuando pasé por delante del antiguo ayuntamiento perdí las sandalias.
No sé porqué no me paré a recogerlas, algo me empujaba.
Pasando la por la plaza de Correos mis pies apenas rozan el suelo, y de repente, siento algo en mi espalda. Me miro incrédula por encima de mi hombro izquierdo. Después por encima del derecho. Recorro perpleja con la mirada la envergadura de las alas que surgen de mi espalda... y a lo lejos oigo las campanadas. Ya son las 12.
Mis alas son enormes, tan grandes que al extenderlas apenas tengo sitio en este tramo de la calle. Trato de envolverme con ellas sin dejar de andar. La calle de la Plaza es kilométrica.
Como si lo más normal del mundo fuera, sigo andando. Soy una mujer con alas enormes.
Extiendo mis alas, camino, veloz, y comienzo a batirlas. Me elevo, emprendo mi vuelo.
Alto, siento el vértigo. Observo los pisos que dejo a ambos lados. Un perro en un balcón durmiendo al calor del agosto se ha despertado a causa del vendaval que al batir crean mis alas.
Allá abajo veo las azoteas. Sillas de plástico, pelotas olvidadas, tendederos repletos, algún perro y multitud de gatos solitarios, cristales de los patios cubiertos al reflejo de la luna, luz de cuchillo...
Vuelo.
Vuelo alto.
Planeo y viro. Cambio el rumbo.
Ahora sobrevuelo raso los techos, las azoteas de las casas más antiguas de Puerto Real.
Libertad.
Vengo a darme cuenta de que me he dejado posar sobre algo. Miro mis pies descalzos sobre un pequeño trozo cuadrado. Es una loza grisácea, con una esquina rota que queda en voladizo. Mis pies están apoyados sobre la punta de mis dedos y junto a ellos un tremendo alo de luz...¡estoy en el campanario de la iglesia de San Sebastián! Las cigüeñas no se han espantado. Me observan, me felicitan en silencio por mis alas. Parecen casi alegres de mi visita.
Pero con la novedad del vuelo recién aprendido necesito continuar mi viaje y al alzarme he puesto en peligro el nido del campanario. “No te preocupes.””Estamos bien.””No pasa nada” ¿...quién me ha dicho eso? Las cigüeñas me miran, aprueban mi vuelo.
Y me alzo arriba, arriba y lejos.
Sobrevuelo en círculos la calle Ancha .
La Puntilla me llama, pero las Canteras primero.
Pruebo la velocidad de estas alas nuevas estirando mi cuerpo lo más que puedo y recordando un halcón.Por debajo, las casas quedan atrás, luego la vía del tren, unifamiliares y por fin, pinos.
A pesar de esta envergadura puedo lanzarme en picado y atravesar entre los pinos, haciendo zigzag, siguiendo luego adentro, planeando, batiendo y de nuevo arriba. Voy a posarme, volar es nuevo para mí y casi cansa más la emoción que el esfuerzo.
Abajo las copas de los pinos parecen brecon a la luz de la luna.
Veo el pozo. Sobre su arco me poso.
Un par de yonquis sentados en un banco cercano se han quedado traspuestos al verme. Miedo. Creen que soy el ángel de la Muerte. No se mueven. Alzo mi mano derecha y con el dedo índice les pido silencio. Con la mano izquierda les digo adiós.
Me elevo. Caigo ahora, mientras subo, que en mi vuelo entrelazando pinos, allá en el suelo asusté a más de una parejita apasionada.
Planeo sobre el recinto ferial a oscuras. Bajo y subo, bajo y subo. El mar se ve desde aquí arriba. El mas se huele desde aquí arriba. Me llaman las gaviotas.
Vuelo. ¡...es tan hermoso el cielo con las luces de las farolas tan debajo de mis pies!
Puerto Real duerme y yo vuelo sobre los edificios y las calles humanamente desiertas.
Las lozas rosadas del paseo marítimo corren en dirección opuesta bajo mi sombra.
He parado a descansar sobre la superficie de techo plano del ayuntamiento.
Ahora uso mis pies caminando mientras pienso “me he desviado bastante de la Cachucha”.
Me dejo caer como un suicida al suelo de la plaza Alberti, y justo antes de llegar al suelo abro mis alas. Planeo sobre el suelo y hago el paripé de estar corriendo cuando en realidad mis pies apenas rozan el pavimento.
Me elevo y voy a correr sobre el mar. La marea está alta. Curioso el efecto del batir las alas sobre la superficie del agua.
Hay una gaviota posada sobre una patera mecida por el vaivén de las olas. La imito. ¡Por poco me baño sin querer! La barca se hunde bajo mi peso y no puedo apoyarme en la misma proa. Más atrás me estabilizo y me quedo aquí, mirando.
No había visto Puerto Real desde aquí nunca. Las luces del paseo ni me dejan ver las casas más allá. Me preparo para volver a tierra. Arriba, arriba y vuelo hacia el Cartabón.
Bajo poco a poco y al posarme en el suelo pienso en mis alas. Me miro de nuevo sobre el hombro derecho y trato de encogerlas, replegarlas. Mis alas se vuelven pequeñas y desaparecen a la vista. Mi camiseta está hecha jirones.
Pruebo ahora a desplegarlas de nuevo. Las siento dormidas en mi espalda y con un poco de esfuerzo, como si me desperezara alzo las alas.
Un último esfuerzo para llegar a casa.
Quiero ver el álamo blanco que hay en la plazoleta, tras mi casa, como nunca lo vi antes.
Tranquila, consciente de este don y agradecida juego con el viento, planeando sobre él y apenas bato mis alas. Comienzo a pillarle el truco a esto.
Sobrevuelo los patios y cuento...uno...dos...tres... mi casa es el tercero y voy a entrar a mi habitación por la ventada. Si me equivoco puedo asustar de verdad a alguién.Mi ventana está abierta, distingo mis cortinas. Me apoyo en el techado del patinillo y con las manos me sujeto. Tengo que replegar las alas antes o no cabré por la ventana.Despacio me miro reflejada en el cristal de la ventana de mi hermano que aún no ha llegado de trabajar. Sonrío. Miro mis alas sobresaliendo de mi espalda y me concentro en guardarlas. Poco a poco. Empequeñecen, se esconden y parece que nunca estuvieran aquí. Me deslizo adentro: mi cama cae justo debajo de la ventana..
Ya se me caen los párpados.. y antes de adentrarme en mis sueños murmuro “mis sandalias...”.

6 Comments:

At agosto 19, 2005 9:27 p. m., Blogger malatesta said...

Pobres yonkis, vaya susto. Pensarían que su mierda esa noche era de la buena.
Chica, me ha gustado mucho tu cuento. Has puesto el listón alto, como tu vuelo.
Por cierto, aunque sin alas he tenido en las últimas semanas dos de las vistas que propones, desde el campanario y desde una patera. No es Florencia, pero tiene su encanto.

 
At agosto 21, 2005 9:17 p. m., Anonymous asustado con miedo a volar said...

Aereolineas Evita.
¿Tienes ofertas para lo que queda de verano?

 
At agosto 22, 2005 12:26 a. m., Blogger Evita said...

Todo depende del destino y la fecha.

 
At agosto 22, 2005 8:22 p. m., Anonymous Sr. de las Moscas said...

Soy el señor al que el desodorante le abandonó hace años, que lleva a pasear sus moscas y como me pillaba de paso he tenido la gentileza y no el despiste de traerte esta nota de parte del Mizerable:
"ALUCINO. Así es muy díficil desconectar !!!"

;)

Le dicho a este señor que me reenvíe tus posts via mosca mensajera. Qué mejor lectura de verano ????

 
At febrero 06, 2007 7:51 a. m., Anonymous Anónimo said...

Excellent, love it! » »

 
At febrero 20, 2007 11:05 p. m., Anonymous Anónimo said...

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