El espejo de Eva

domingo, agosto 28, 2005

Un poco de PAZ

Llevaba toda la vida siendo social. Oía hablar a la gente y, a veces, en el pensamiento se le antojaba que en el fondo todo su ser era un espejismo. “Nada de lo que se ve en mí es real”.
Pensaba que el tiempo nos ponía a todos en el lugar merecido, pero ahora, con el tiempo en las espaldas y la ilusión escuálida temía que no fuera cierto o que lo merecido no cuadrase con su lugar en la vida.
Tenía el corazón lleno de amistades y vacío de amores. Temía ese frío que se incrustaba en el pensamiento cuando no tenía ningún proyecto pendiente.
La esperanza y la ilusión se alimentaban de su corazón enamorado, pero éste parecía seco, marchito, esperando aún la primavera.
Sin embargo, en el mundo que daba a la realidad, la ventana que ofrecía a los demás, era la alegría en persona.
Cualquier motivo era bueno para sacarle el partido de una sonrisa. A todos, o a casi todos, podía hacer entrever un hilo de luz que daba paso a un sentimiento de bienestar.
Si veía un rostro preocupado se acercaba sigilosamente para prestar oídos para escuchar, hombros sobre los que llorar o brazos para transmitir el calor de una amistad.
Nunca pedía la confesión de un secreto. Sentía el privilegio al aceptar lo que quisieran darle.
Solamente a veces, cuando ese vacío raro se convertía en una sensación de opresión en la garganta, calor en el estómago, ojos húmedos y disminución del diafragma, solo entonces huía.
No deseaba compartir eso con nadie, y evitaba mostrarlo inevitablemente en sus ojos.
Huía veloz y buscaba paz.
Y a esas horas en las que nadie va a la iglesia, con las puertas recién abiertas, se sorprendía ocupando un rincón.
Allí se sentaba en soledad.
Dejaba sus pulmones soltar todo el aire. Cerraba los ojos y pensaba en el día que vivía. Meditaba y relajaba las neuronas y el alma.
Podían pasar horas en el silencio y la paz de esas bóvedas altas que conseguían calmar aquellas sensaciones físicas que, con el paso del tiempo, casi había llegado a predecir.
Antes de la misa se escurría entre los bancos y desaparecía de la iglesia.
Nunca era la última vez. Al salir siempre sabía que volvería.
La paz que conseguía allí era su droga, su adicción.
Por eso su ventana era alegre, e incluso de vez en cuando conseguía ser feliz. Por eso la esperanza nunca se perdía realmente entre los jirones de su alma.

7 Comments:

At agosto 28, 2005 11:23 p. m., Blogger malatesta said...

Una de esas veces que salía muy tarde de la Escuela entré en una iglesia. Mi intención era verla por dentro, por hacer tiempo para el último tren. Nunca he sido practicante, y cada vez menos creyente. Había unas cuantas personas, y no hacían más que repetir padrenuestros y avemarías, uno tras otro (luego me enteré que eso es un rosario). Al principio me chocó e incluso me divirtió. Pero esa salmodia monótona terminó por inducirme algo parecido a un trance, y sentí paz. Creo que comprendo a ese alguien.

 
At agosto 30, 2005 4:17 p. m., Blogger Mizerable said...

Soy un ATEO muy singular. De entre todos mis amigos catolicos creo que he sido el que más veces a pisado una iglesía. Como escolta y guardían, acompañaba a mi señora engendradora a San Judas, y como tenía que atravesar un barrio muy malo, pues ahí iba yo. Durante aquellos años, todas aquellas mañanas... me sentía incomodo, como profanando algo. No sé, ateo, no creyente.. allí dentro. Pero el rato, que estaba allí. Observando a mi protegida, a las ancianitas arrollidadas, al sin techo de la puerta, a la monja que rompía la rutina... te sentías... protegido.

 
At septiembre 01, 2005 4:58 p. m., Anonymous jon said...

Con vuestro permiso,y por el interes en lo leido me incluyo en este blog,siempre y cuando no haya inconveniente...
Muchas veces en mi vida experimente en las iglesisas la sensacion que se comenta,de trance,meditacion,relax mental ,dejar la mente mas o menos en blanco...creo que es maravilloso aprovechar estos espacios precisamente para eso que tuvieron que ser...
Recuerdo la catedral de Santiago envuelto en un colectivo religioso en el que cada vez me reflejo menos,pero aprovechando la paz de esas paredes...
En las ermitar pequeñitas de Canarias,cuan importante son las pequeñas imagenes para conseguir evadir nuestra mente...
La santa madre iglesia es otra cosa con sus rituales estupidos y su hipocresia del doble rasero,con las evidentes excepciones de curas excepcionales a nivel humano y espiritual...pero tambien los otros prepotentes e ineptos...
Necesitamos de la espiritualidad...

 
At septiembre 01, 2005 7:55 p. m., Blogger Evita said...

Jon, yo tambien tengo un recuerdo de la catedral de Santiago, después de hacer el Camino, más por mis padres que por otra cosa. Ya entonces me estaba alejando de lo que tu llamas la sante madre iglesia, pero algo había el día de Santiago con toda aquella gente de pie, sin espacio apenas para moverte, y viendo el enorme Botafumeiro ir y venir.Supongo que era armonia.

 
At septiembre 02, 2005 12:53 p. m., Anonymous jon said...

Algo hay y como minimo es bonito,lo que yo pienso es que se le podria sacar mas partido a las iglesias si el ritual obsoleto fuera de otra manera...
Es que me parece beneficioso las iglesias estas americanas en la que los negros cantan que el levanta-sienta de las catolicas...
Una sesion(llamese misa)tiene que aportar un estado de paz al sujeto de forma que cuando salga haya conseguido pacificar algo su mente...
Algo falla...

 
At marzo 05, 2007 3:05 p. m., Anonymous Anónimo said...

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At marzo 15, 2007 12:41 p. m., Anonymous Anónimo said...

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