El espejo de Eva

sábado, agosto 27, 2005

Debo decir antes que nada que casi son las 5 de la mañana y que acabo de llegar del Puerto.
Me ha dado la vena nóstalgica.
La última vez que llamé hermano a un amigo fue hace mucho.
Es curioso que la única persona a la que he llamado hermano sea hoy el único enemigo que conozco sobre la faz de la tierra. Los demás son enemigos anónimos.
Cada vez que algo me lo trae a la memoria me pregunto en qué metí la pata, y aunque de alguna manera el tiempo me ha dado la razón, a mí me duele.
Necesité mucho tiempo para hacer amigos nuevos después de perder a mi "hermano".
Necesité mucho tiempo para volver a dejarme llevar. Quizás ese es el problema, que no debo dejarme llevar.
Tengo que confesar que hecho de menos contar con más gente como pude contar en su día con él, pero si al cabo de un tiempo tengo que pasar por perderle y meter tanto la pata como para que me odie (y parto de la base de que mucho te han tenido que joder para odiar), prefiero lo que hay. No me arriesgo como antes.
No puedo cambiar el pasado. Eso ya lo he asumido. Por eso tengo esta espinita.
Todo está relacionado, y aunque no fue la única razón tal vez fue el remate para apartarme de la Iglesia, o de lo que yo creía que era la Iglesia. Más tarde me "peleé" con Dios.
Desde entonces a veces me planteo charlas filosóficas para llegar a la conclusión de que le dí más importancia a la gente que a una deidad y que realmente lo que me deja fuera de juego es la reacción de las personas.
Dice un conocido que debo buscar más allá de las personas, más allá de su lado bueno, que creer en un Dios no significa creer en las personas que lo representan necesariamente...

...será mejor que me vaya a dormir y lo siga consultando con mi almohada, como siempre que me acuerdo de aquel "hermano".